viernes, 13 de octubre de 2017

Nuestra Señora de Fátima y el milagro del sol


El día 13 de octubre de 1917, ante miles de peregrinos que llegaron a Fátima (Portugal), se produjo uno de los más asombrosos milagros jamás ocurridos en la naturaleza, el cual fue conocido como “el Milagro del sol”. El mismo fue observado por una multitud de setenta mil personas, de manera tal que la prensa, de explícita tendencia secular y masónica, no pudo argumentar nada en su contra y a pesar suyo y rindiéndose ante las evidencias, dejó por escrito, y como un documento histórico, lo sucedido en ese día. El milagro, que había sido anticipado por la Virgen, ocurrió en el contexto de sus apariciones en Fátima, las cuales habían comenzado meses antes; este milagro, precisamente, sería la prueba, dada por el cielo, de que las apariciones de la Virgen y el contenido de sus mensajes no eran el invento de tres niños, sino una maravillosa realidad sobrenatural y celestial.
Según los testigos presenciales –setenta mil personas entre niños, jóvenes, adultos y ancianos-, que habían acudido para rezar y estar presentes cuando la Virgen se les apareciera a los pastorcitos, vieron que, luego de una intensa lluvia, las nubes negras se corrieron para dar lugar al sol, el cual comenzó a moverse en el cielo de manera tal que parecía estar “danzando”, al tiempo que “lucía como un suave disco de plata”; luego, el sol tomó diferentes colores, comenzó a girar y a dirigirse en forma veloz hacia la tierra, de manera tan directa, que muchos de los espectadores se arrodillaron y comenzaron a rezar, creyendo que de un momento a otro habría de impactar contra la tierra.[1].
El periodista del diario portugués O Século, Avelino de Almeida, estimó entre los 30 mil a 40 mil personas, las presentes al momento del milagro, mientras que el profesor de ciencias naturales de la Universidad de Coimbra Joseph Garrett, que al igual que el periodista De Almeida estuvo en el lugar ese día, estimó el número de testigos en 100 mil; el promedio sería, entonces, de unas setenta mil personas. Es imposible atribuir, a setenta mil personas, una “histeria de masas” que les hiciera ver el mismo espectáculo a todas y cada una de las setenta mil personas, además de hacerles creer que el sol iba a estrellarse contra la tierra.
El milagro duró alrededor de tres minutos. Además del “Milagro del sol”, los pastorcitos dijeron haber visto imágenes de Jesús, la Virgen María y San José bendiciendo a la multitud. La Virgen se presentó como la Señora del Rosario.

Significado espiritual del milagro del sol.

Uno de los significados, explicado por la misma Virgen, es el de servir de prueba acerca de la veracidad de las apariciones de Fátima y, por lo tanto, de los mensajes dados en dichas apariciones, como por ejemplo: llamado a la penitencia, a la oración, sobre todo el Santo Rosario; pedir por la conversión de los pecadores y hacer sacrificios por ellos, ya que muchos se condenan en el Infierno porque “no hay quien rece” por su conversión; pedido de reparación por los “ultrajes, sacrilegios e indiferencias” con los cuales son continuamente ofendidos los Sacratísimos Corazones de Jesús y María; adoración a la Eucaristía; recepción de la Eucaristía con amor, piedad, fe y devoción.
Otro significado es el de confirmar una verdad enseñada por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia de todos los tiempos: la Virgen es Reina de cielos y tierra, y el hecho de que sea Ella quien haya movido el sol, es indicio de que Dios Trino la hace partícipe de su omnipotencia, lo cual explica también que sea Ella quien, por esta participación a la omnipotencia divina, aplaste la cabeza de la Serpiente Antigua con su pequeño pie de mujer.
Otro significado es confirmar lo que dice el Apocalipsis, que la Virgen es la “Mujer revestida de sol”, y aunque el sol no la reviste en la aparición, sí obedece dócilmente las órdenes de la Virgen, moviéndose en círculos, danzando, emitiendo luces de colores y, finalmente, dirigiéndose con toda velocidad hacia la tierra, deteniéndose en el momento exacto. La Virgen es la Mujer revestida de sol, desde el momento en que el Sol de justicia, Jesucristo, se encarna en sus entrañas, además de ser Ella la Inhabitada por el Espíritu Santo, quien la cubre con la gloria de Dios.
Por último, un significado está relacionado con la familia, porque los niños vieron a la Sagrada Familia, formada por Jesús, María y José: esto es especialmente importante en nuestros días, en los que la ideología de género pretende imponer modelos anti-naturales de familia, contrarios al designio original de Dios sobre la familia, formada por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos –naturales o adoptados-. Es una fuerte defensa del único modelo de familia querido por Dios para el hombre, al tiempo que se muestra a la Sagrada Familia como modelo a imitar por todas las familias cristianas.
Al recordar entonces el milagro del sol, recordemos que las apariciones de la Virgen en Fátima, lejos de ser un invento de unos niños, constituyen un severo llamado del cielo a la penitencia, a la oración, a la adoración y reparación eucarística y al sacrificio y rezo del Rosario pidiendo por la conversión de los pecadores, para que ninguna caiga en el Infierno, un Infierno que es real, dura para siempre, y está ocupado por una gran cantidad de ángeles caídos y de almas condenadas, que sufren la Ira de la Justicia Divina por toda la eternidad.

jueves, 12 de octubre de 2017

Memoria de Nuestra Señora del Pilar


Según una venerada tradición, la Virgen se manifestó en Zaragoza (España), acompañada y transportada por ángeles, sobre una columna o pilar, el cual dejó como signo visible de su presencia[1]. Esta tradición alcanzó el más alto grado de aprobación en cuanto a su origen sobrenatural, por parte del Magisterio de la Iglesia, por cuanto el Papa Clemente XII decretó su incorporación tanto en la Santa Misa como en el Oficio para toda España. Luego, el Papa Pío VII elevó la categoría litúrgica de esta tradición y finalmente el Papa Pío XII concedió a todas las naciones sudamericanas –que conforman Hispanoamérica- la posibilidad de celebrar la misma Misa que se celebraba en España. Cabe destacar que la incorporación en el Misal, en lo relativo a las apariciones o manifestaciones marianas, es el máximo reconocimiento –implícito y explícito- que el Magisterio de la Iglesia realiza, para pronunciarse a favor de dichas manifestaciones, con lo que el Magisterio afirma que la Virgen del Pilar no es una mera tradición piadosa, sino una maravillosa realidad celestial, acontecida en el tiempo y en la historia, y con un designio y un objetivo del todo especiales, determinados por el mismo cielo.
En el caso de la Virgen del Pilar, lo que lleva a considerar su origen sobrenatural, además del contenido de la manifestación en sí misma, es lo sucedido el mismo día en el que en España celebraban las alabanzas a la Virgen del Pilar: el día 12 de octubre de 1492, precisamente cuando las tres carabelas de Cristóbal Colon avistaban las desconocidas tierras de América llevando la  fe católica a aquellas tierras en alas de “Santa María”, al otro lado del Atlántico, los devotos de la Virgen del Pilar cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza[2]. Es decir, mientras en España alababan a la Madre de Dios, en América era descubierto un continente que habría de ser evangelizado, civilizado y entregado a los pies de Jesucristo y quienes llevaban la Santa Fe católica al Nuevo Continente eran los misioneros y conquistadores españoles, llevados por Santa María, pero no la carabela, sino por la misma Madre de Dios, Santa María Virgen, en persona.
Un documento[3] del siglo IX cuenta así esta manifestación de la Virgen –que en realidad no es una aparición, sino una traslación de la Virgen, ya que la Santísima Virgen no había aun sido Asunta en cuerpo y alma a los cielos-:
         “Después de la Pasión y resurrección del salvador y de su ascensión al Cielo, la Virgen María quedó encomendada al apóstol San Juan. De ella recibieron los apóstoles el impulso para salir a anunciar el evangelio en todo el mundo. El apóstol Santiago, hermano de Juan e Hijo de Zebedeo, movido por el Espíritu Santo se dirigió a las provincias de España. Antes de partir besó las manos de la Virgen y pidió su bendición. Ella lo despidió con estas palabras: “Ve, hijo, cumple el mandato del Maestro y por Él te ruego que en aquella ciudad de España en que mayor número de hombres conviertas a la fe, edifiques una Iglesia en mi memoria, como yo te lo mostraré”. Saliendo de Jerusalén, Santiago llegó a España y pasando por Asturias llegó a la ciudad de Oviedo, donde sólo pudo bautizar a un hombre. Luego, entrando por Galicia, predicó en la ciudad de Padrón. De allí volviendo por Castilla se dirigió a Aragón, donde se encuentra Zaragoza, a orillas del Ebro. En esta ciudad, luego de predicar muchos días, bautizó a ocho varones con quienes conversaba durante el día del reino de Dios. Por la noche, solo y descorazonado, se encamina por la ribera del río para descansar y orar en silencio. Durante la oración, una de esas noches oyó voces de ángeles que cantaban: “Ave María llena de gracia...”. Al oírlos se postró de rodillas y vio sobre un pilar de mármol a la Virgen que le decía: “He aquí, Santiago, el lugar donde edificarás un templo en mi memoria. Mira bien este pilar en que estoy, al que mi Hijo y Maestro tuyo trajo de lo alto por mano de los ángeles. Alrededor de él harás el altar de la capilla, en este lugar obrará la virtud del altísimo portentos y maravillas por mi intercesión por aquellos que, en sus necesidades imploren mi patrocinio. Este pilar permanecerá en este sitio hasta el fin del mundo y nunca faltarán en esta ciudad verdaderos cristianos”. Confortado por esta presencia de María, edificó un templo. Es la primera iglesia del mundo dedicada a la Virgen”.
Las palabras de este escrito que recogen una tradición oral y constituyen el documento más antiguo de esta tradición española.
Existen tres rasgos particulares que caracterizan a la Virgen del Pilar: en primer lugar, como dijimos anteriormente, se trata en realidad de una “traslación” y no de una aparición mariana propiamente dicha, pues cuando sucedió, la Madre de Dios aún no había sido Asunta en cuerpo y alma glorificados al cielo. Es por eso que, en realidad, se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. Esta “Venida” extraordinaria de la Virgen, por mandato de su Hijo Jesús, es el cumplimiento cabal de la Escritura, que  se comporta de esta manera con España, como con ninguna otra nación de la tierra: “Con ninguna nación hizo cosa semejante”, dice la Escritura, y también cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.
El otro hecho que la caracteriza es la Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad. Además, este pilar es de origen celestial, no hecho por manos humanas, tal como lo dicen las mismas palabras atribuidas a la Virgen: “Mira bien este pilar en que estoy, al que mi Hijo y Maestro tuyo trajo de lo alto por mano de los ángeles”.
Un último elemento que caracteriza a esta devoción, y sobre la cual girará durante siglos la espiritualidad de la Madre Patria España y también de “las Provincias Ultramarinas de España” –las naciones hispanoamericanas- es la estrecha e indisoluble unión entre Santiago y el Pilar de la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza. Es decir, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española (comprendida España y sus Provincias de Ultramar, Hispanoamérica).
El pilar simboliza firmeza, sostén, y es el significado espiritual último dado por la Virgen misma: el Pilar simboliza la firmeza y la incolumidad de la Fe católica “hasta el fin del mundo”, asegurando así la pervivencia de la Fe hasta el final, pues alrededor de la Virgen del Pilar se multiplicarán los hijos de la Iglesia y de España que a la Virgen acudan en pedido de auxilio celestial.
En estos tiempos, en los que los cimientos mismos de la Iglesia parecen conmoverse, pues se pretende cambiar desde los Mandamientos de Dios hasta los Sacramentos de la Iglesia, desacralizando los sacramentos de la Confesión, el Matrimonio y la Eucaristía y propiciando la ideología de género en el seno mismo de la Iglesia; en estos momentos, en los que la Fe de muchos católicos, se ha debilitado al extremo de parecer un remedo de la Fe Verdadera; en estos tiempos, en los que la Presencia real, verdadera y substancial de Jesús en la Eucaristía es negada; en estos tiempos, en los que la virginidad de María es cuestionada y negada públicamente por miembros de la Iglesia –por ejemplo, la herética monja dominica, Sor Lucía Caram-; en estos tiempos, en los que los niños y jóvenes, apenas recibidos los sacramentos de la Eucaristía y la Confirmación, en vez de iniciar una nueva vida en Cristo, inician una vida de apóstatas, pues abandonan inmediatamente la Iglesia; en estos tiempos, en los que “el humo de Satanás” ha ingresado en la Iglesia, oscureciéndolo todo y sumiendo todo en la más penosa confusión, son más actuales que nunca las palabras de la Virgen, acerca de que “nunca falten verdaderos cristianos”, que posean una Fe firme, tan firme como el Pilar de María  Santísima[4].








[1] http://www.liturgiadelashoras.com.ar/
[2] El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico , se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal.
[4] Algunos Milagros de la Virgen. En 1438 se escribió un Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el católico dijo: "creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros". El Gran milagro del Cojo de Calanda (1640) Se trata de un hombre a quien le amputaron una pierna. Un día años mas tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio. Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro.

sábado, 7 de octubre de 2017

Memoria de Nuestra Señora del Rosario


La Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo
(Murillo)

Esta conmemoración fue instituida por el Papa San Pío V en el día aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la batalla naval de Lepanto (1571), victoria atribuida a la Madre de Dios, invocada por la oración del rosario. La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la Encarnación, la Pasión y la gloria de la Resurrección del Hijo de Dios[1].
En la Memoria de la Santísima Virgen María del Rosario, se pide la ayuda de la Santa Madre de Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de aquella que participó espiritual y  místicamente del Misterio Pascual del Hombre-Dios Jesucristo[2].
Por lo tanto, es un día ideal para rezar el Rosario y para recordar su origen, en qué consiste su rezo y cuál es el inmenso beneficio espiritual que su rezo comporta. El Rosario es una serie de ciento cincuenta Avemarías repartidas en decenas; cada una de las cuales comienza por un Padrenuestro y termina con un Gloria. Al recitarlo, los fieles honran a Cristo y a su Santísima Madre y meditan sobre los quince principales misterios de la vida de ambos, de suerte que el rosario es una especie de resumen del Evangelio, un recuerdo de la vida, los sufrimientos y la glorificación del Señor y una síntesis de su obra redentora. Si se sigue la propuesta del papa Juan Pablo II, se debe agregar a estos quince los cinco “misterios de la luz”, que añade al conjunto cinco aspectos “sacramentales” (el bautismo de Jesús, las Bodas de Caná, la proclamación del Reino, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía). El cristiano debería tener siempre presente esos misterios, rendir a Dios un homenaje de amor perpetuo, alabarle por cuánto sufrió por él, y regular su vida y moldear su alma con la meditación de los misterios del rosario. Precisamente ese rezo es un método fácil y adaptable a toda clase de personas, aun a las menos instruidas, y una excelente manera de ejercitar los actos más sublimes de fe y contemplación. Todo el Evangelio está contenido en el Padrenuestro, la oración que el Señor nos enseñó, y quienes lo han penetrado a fondo no pueden cansarse de repetirlo; en cuanto al Avemaría, toda ella está centrada en el misterio de la Encarnación y es la oración más apropiada para honrar dicho misterio. Aunque en el Avemaría hablamos directamente a la Santísima Virgen e invocamos su intercesión, esa oración es sobre todo una alabanza y una acción de gracias a su Hijo por la infinita misericordia que nos mostró al encarnarse.
San Pío V ordenó en 1572 que se conmemorase anualmente a Nuestra Señora de las Victorias para obtener la misericordia de Dios sobre su Iglesia, para agradecerle sus innumerables beneficios y, en particular, para darle gracias por haber salvado a la cristiandad del dominio de los turcos en la victoria de Lepanto (1571). Aquel triunfo fue una especie de respuesta directa del cielo a las oraciones y procesiones del rosario, organizadas por las cofradías de Roma, en el momento en que se libraba la batalla. Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de octubre (día en que se había ganado la batalla). El 5 de agosto de 1716, día de la fiesta de la dedicación de Santa María la Mayor, los cristianos, mandados por el príncipe Eugenio, infligieron otra importante derrota a los turcos en Peterwardein de Hungría. Con ese motivo, el Papa Clemente XI extendió a toda la Iglesia de Occidente la fiesta del Santo Rosario. Actualmente se celebra el 7 de octubre, día en que se ganó la batalla de Lepanto; pero los dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.
Según la tradición dominicana, ratificada por muchos Pontífices, santo Domingo fue quien dio al rosario su forma actual, cuando obedeció al pie de la letra las instrucciones que le dio la Santísima Virgen en una visión. Es posible que no exista ninguna tradición de este tipo que haya sido más violentamente atacada ni más apasionadamente defendida. La verdad de aquel suceso fue puesta en duda por primera vez hace dos siglos y, desde entonces, la controversia se ha entablado una y otra vez. Ya se sabe que el uso de objetos similares al rosario para ayudar a la memoria a llevar la cuenta es muy antiguo y anterior a la época de santo Domingo. Por no citar más que un ejemplo, los monjes de Oriente emplean una especie de rosario de cien cuentas o perlas dispuestas de modo muy diferente al nuestro y que no tiene nada que ver con el que nosotros rezamos. Por otra parte, está fuera de duda que en el siglo XIII se acostumbraba ya en todo el Occidente repetir cierto número de padrenuestros o avemarías (con frecuencia 150, que es el número de los salmos) y llevar la cuenta por medio de sartas de cuentecillas. La famosa Lady Godiva, de Coventry, que murió hacia 1075, legó a cierta estatua de Nuestra Señora “el collar de piedras preciosas que había mandado ensartar en un cordón para poder contar exactamente sus oraciones” (Guillermo de Melmesbury). Está prácticamente probado que dichos collares se usaban para rezar padrenuestros; por ello, en el siglo XIII y durante toda la Edad Media, se llamaban “paternosters”, y se daba el nombre de “paternostreros” a quienes los fabricaban. Un sabio obispo dominico, Tomás Esser, afirmaba que la costumbre de meditar durante la recitación de las Avemarías había sido introducida por ciertos cartujos en el siglo XIV. Por otra parte, ninguna de las historias del rosario anteriores al siglo XV hace mención de Santo Domingo y, durante los dos siglos siguientes, ni siquiera los dominicos estaban de acuerdo en la manera de definir el papel desempeñado por el santo fundador. Ninguna de sus biografías primitivas habla del rosario y los primeros documentos de la orden, aun los que se refirieron a los métodos de oración, tampoco lo mencionan. Además, la iconografía dominicana, desde los frescos de Fra Angélico hasta la suntuosa tumba de Santo Domingo en Bolonia (terminada en 1532), no ofrece vestigios del rosario.
En vista de los hechos que acabamos de enumerar, la opinión actual sobre el origen del rosario es muy diferente de la que prevalecía en el siglo XVI. Dom Luis Gougaud escribía en 1922 que “los diferentes elementos que componen la devoción católica conocida ordinariamente con el nombre de rosario, son el producto de un desarrollo gradual y prolongado, de una evolución que comenzó antes de la época de santo Domingo, continuó sin que el santo influyese en ella y tomó su forma definitiva varios siglos después de su muerte”. El P. Gettino, O.P., opina que Santo Domingo puede considerarse como el creador de la devoción del rosario, porque popularizó la práctica de rezar una serie de avemarías, aunque no fijó su número ni determinó la inserción de los padrenuestros. Por su parte, el P. Beda Jarret, O.P., afirma enfáticamente que el rosario inventado por santo Domingo no era, propiamente hablando, “una devoción o fórmula de oración sino un método de predicación”.
Pero, aunque tal vez haya que abandonar la idea de que santo Domingo inventó y propagó la devoción del rosario, no por ello deja ésta de estar íntimamente relacionada con los dominicos, ya que fueron ellos quienes le dieron la forma que tiene actualmente y durante varios siglos la han predicado en todo el mundo. Ello ha sido una fuente de bendiciones para innumerables almas y ha producido una corriente incesante de oraciones que se elevan a Dios. No hay cristiano, por simple e iletrado que sea, que no pueda rezar el rosario. Y dicha devoción puede ser el vehículo de la más alta contemplación y de la oración más sencilla. El rosario, que es una oración privada, sólo cede en dignidad a los salmos y a la oración litúrgica, la oración que la Iglesia, en cuanto tal, eleva a Dios todopoderoso y a su enviado Jesucristo. Todo cristiano está familiarizado con la idea de que, siendo el rosario una verdadera fuente de gracias, es muy natural que la Iglesia le consagre una fiesta[3].
Personalmente, nos inclinamos por la Tradición que afirma que fue la Santísima Virgen quien se le apareció a Santo Domingo, mientras predicaba en tierra albigense, y le dio y enseñó a recitar el Santo Rosario como “arma espiritual” con la que habría de derrotar a los enemigos de las almas, los ángeles caídos, además de conseguir enormes frutos de conversión entre las almas, lo cual efectivamente sucedió luego de esta aparición de la Virgen a Santo Domingo[4]. Además, sobre esta aparición a Santo Domingo, se fundamenta una nueva aparición de la Virgen, a otro dominico, esta vez el Beato Alano de la Roche, a quien la Virgen le enumeró los quince beneficios espirituales que Ella otorgaría a los devotos del Santo Rosario[5].
Sin embargo, el tesoro espiritual del Santo Rosario no radica en ser meramente un recuerdo piadoso del misterio pascual del Señor Jesús, además de una oración de veneración a su Santísima Madre, la Virgen María: al rezar el Santo Rosario, desde y en el Corazón Inmaculado de María, se pide a la Virgen de contemplar los misterios de la vida de su Hijo Jesús, de manera tal de unirnos, mística y espiritualmente, a ellos; además, se pide a la Virgen que, durante el rezo del Santo Rosario, sea Ella, la Medianera de todas las gracias, que modele nuestros corazones a imagen y semejanza de los Sagrados Corazones de Jesús y María.
El rezo del Santo Rosario es tanto o más necesario en nuestros días que en los días de Santo Domingo, pues si bien el santo predicó en tierras francesas, infectadas por la herejía albigense, en nuestros días, las herejías se han multiplicado por toda la tierra y, lo que es peor y más grave aún, en el seno mismo de la Santa Iglesia Católica, de manera tal que los herejes y cismáticos pretenden cambiar los Sacramentos y, en el colmo de su osadía diabólica, hasta los Mandamientos mismos de Dios. Además, no solo abundan los enemigos internos dentro de la Iglesia que, a imitación de Judas Iscariote, tratan de demolerla desde sus cimientos: al igual que en la Batalla de Lepanto y en las otras batallas contra los musulmanes, ganadas gracias a la intervención celestial de María Santísima, también en nuestros días, los musulmanes, por medio de sectas islámicas fundamentalistas, como el ISIS, Boko Haram, Al Qaeda y muchas otras más, buscan atacar y destruir a la Iglesia materialmente, quemando sus edificios, destruyendo las imágenes sagradas, persiguiendo y asesinando cristianos, cometiendo verdaderos genocidios, no solo en Medio Oriente, sino en todo lugar del mundo, principalmente en donde el islamismo está más arraigado. Por esta razón, es más necesario que nunca, el rezo del Santo Rosario, para que la Madre de Dios, Victoriosa vencedora junto a su Hijo Jesús, nos obtenga de Él el triunfo sobre los enemigos internos y externos de la Iglesia. El tercer motivo por el cual debemos rezar el Rosario hasta el último día de nuestras vidas, es que no solo es una alabanza al Padre –con el Padrenuestro-, una glorificación a la Santísima Trinidad –con el Gloria- y un acto de amor filial y devoción mariana –con el rezo de las Avemarías de cada misterio-, sino que por el Rosario, la Virgen nos hace participar, místicamente, de los misterios de la vida de su Hijo Jesús, a la par que configura nuestros pobres corazones, por medio de la gracia, a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Por último, el alma que reza el Rosario, se hace destinataria de la Misericordia Divina, siendo receptora de los inmensos beneficios espirituales concedidos por la Madre de Dios a los devotos del Santo Rosario, tal como se lo anunciara al Beato Alano de la Roche. Por todos estos motivos, no dejemos de rezar el Santo Rosario, día y noche, todos los días de nuestra vida terrena, hasta el día en que, por el Amor Misericordioso del Sagrado Corazón, y de la mano de Nuestra Madre del Cielo, la Virgen del Rosario, entremos en la feliz eternidad.



[3] Acerca del origen de esta fiesta, véase Benedicto XIV, De festis, lib. II, c. 12, n. 16; y Esser, Unseres Lieben Frauen Rosenkranz, 354. Los argumentos que se oponen a la atribución de la institución del rosario a Santo Domingo pueden verse por extenso en Acta Sanctorum, agosto, vol. I, pp. 422 ss; en The Month, oct. 1900 y abril 1901; el P. Thurston, autor de dichos artículos, los resumió en Catholic Encyclopedia (lamentablemente, no hay vesión castellana de este artículo). Naturalmente no faltan autores que reivindiquen para Santo Domingo la gloria de haber inventado el rosario, por ejemplo, P. W. Lescher, O.P., St Dominic and the Rosary (1902). Sobre el rosario en los documentos de los últimos pontífices, pueden verse la encíclica “Grata Recordatio”, de Juan XXIII, la exhortación apostólica “Marialis Cultus”, de Pablo VI, o la carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae” de Juan Pablo II, en la que propone los cinco misterios de luz que mencionábamos más arriba; cfr. artículo del Butler-Guinea con modificaciones.
[5] Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano:

1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.

4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.

5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.

6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.

7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.

8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.

9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.

10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.

11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.

14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás: la (Segunda) Venida de Cristo es "inminente"


El día 25 de septiembre de 1983 la Virgen se aparece a Gladys Quiroga de Motta, en su habitación, mientras rezaba el rosario. La Virgen estaba vestida de azul, tenía el Niño en brazos y un rosario en la mano. La Santísima Madre hizo un gesto, como para darle el rosario a Gladys. El obispo de San Nicolás, Monseñor Domingo Salvador Castagna, lejos de tomar distancia de ese fenómeno vital que ocurre en su diócesis lo acepta, lo guía y lo nutre, sin dejar de lado la prudencia y el discernimiento. De manera ejemplar alienta a los peregrinos que desde el primer momento comienzan a afluir a San Nicolás. Las procesiones se suceden todos los meses el día 25, siendo la más importante y numerosa el 25 de septiembre de cada año, en recuerdo del día de la primera aparición. El 25 de septiembre de 1986 el obispo coloca la piedra fundamental del actual Santuario. El Campito de la Virgen que se halla junto al Santuario se ha transformado en un lugar de procesiones, vía crucis y de confesiones, particularmente en días de mayor concurrencia.
Algunos de los mensajes de la Virgen, como por ejemplo, el del 11 de febrero, día de Nuestra Señora de Lourdes, en 1989, le piden a Gladys oración, ayuno, penitencia y conversión: “Ayer en Lourdes, hoy aquí. Siempre la Madre en busca de sus hijos. Oración, ayuno, penitencia y sobre todo conversión espera de ellos. Las almas se salvarán si se asoman al Señor, si admiten al Señor. Falta la paz en muchas almas. Busque el alma la paz y hallará a Dios”.
En otro mensaje, bendice a Nuestra Patria Argentina, por ser el lugar elegido por Dios para esta maravillosa manifestación mariana: “Bendito el momento que el Señor eligió a este pueblo, y bendito porque lo eligió para que yo tenga mi gran Casa, que será de paz y sosiego. Lugar donde acunaré a millares de hijos que vendrán en busca de amor. Asistiré a los enfermos, a los caídos, a todo hijo perteneciente a la gran familia de Dios, porque mi misión es atender al rebaño del Señor. Gloria a Dios”. Dios ha elegido a Argentina para que sea católica, y nada podrá detener este designio divino: “Nada podrá devorar la llama del amor que el Señor ha encendido en tu pueblo. Nada podrá oscurecer la luz del Señor”.
El templo de Dios es un lugar sagrado, en donde el alma se une a Jesús crucificado y cuando el alma se acerca a Jesús en la cruz, es cuando la Virgen actúa: “Es en el Santuario donde María, Madre de Cristo, espera a los hijos heredados desde la Cruz. Es en el Santuario que María obra en las almas, para bien de las almas. Mis amados hijos ya lo veis, delante de vosotros estoy. Mientras unos habitan en su propia desolación, otros habitarán en la casa de la Madre del Salvador”. “Aquí está el Templo, para el pueblo de Dios. Aquí se arraigará profundamente el amor a Cristo y a María”. Mi Casa será morada para los que se consideran hijos de Dios. Alegraos ya que desde aquí os bendeciré” (…) Hija, el Templo es protección de Dios para sus hijos. Se acude allí para rendir culto al Señor, para pedir por la salud física y un espíritu firme cimentado en la fe (…) El Templo es protección de Dios para el alma que habita en la tierra y aspira al cielo”.
La Virgen desea sanar nuestras almas de la enfermedad del materialismo, para que seamos capaces de descubrir y amar a su Hijo Jesús: “Quiero sanar a mis hijos de esa enfermedad que es el materialismo y que muchos padecen, quiero ayudarlos a descubrir a Cristo, a amar a Cristo y decirles que Cristo prevalece por sobre todo”.
Hay que hacer caso de los mensajes, para que no pase lo que en otras partes del mundo: “En todos los lugares del mundo donde han sido dado mis mensajes parecería que se predicó en cementerios. No hubo la respuesta que quiere el Señor”.
Hoy el demonio actúa con toda su ferocidad, porque sabe que le queda poco tiempo: “El demonio actúa ferozmente, no os asombréis. Ataca sin compasión envolviendo todo lo que pueda tocar. Orad mis hijos, que la oración fortalece. Sois llamados por Jesucristo para orar (…) El príncipe del mal vierte hoy su veneno con todas las fuerzas, porque ve que está concluyendo su triste reinado. Es poco lo que le queda, su fin está cerca”.
El rezo del Santo Rosario es el arma invencible dada por Dios a sus hijos, para triunfar sobre el Demonio y para entrar en el Corazón Inmaculado de María: “El Santo Rosario es el arma a la cual le teme el enemigo. Es también el refugio de los que buscan alivio a sus pesares, y es la puerta para entrar en mi Corazón. Gloria al Señor por la luz que da al mundo”. Dios escucha el rezo del Rosario como si fuera dicho por la misma Virgen María: “Hija mía, en estos momentos hay extrema necesidad de oración. El Santo Rosario será escuchado en este día por el Señor como si fuera mi voz”.
Nunca debemos dejar de lado la oración, ya que por ella llegamos a Dios y vencemos al enemigo: “La oración es un pedido mío y está dirigido a todos los pueblos. La oración debe nacer de un corazón dispuesto, debe también ser frecuente y hecha con amor. Jamás sea dejada de lado, ya que la Madre quiere que por ella lleguen los hijos a Dios y con el cual logra vencer al enemigo”.
Debemos adorar la Eucaristía, porque en ella está Jesús, vivo y glorioso: “Jesús Eucaristía es cuerpo vivo y verdadero. Adoradlo y amadlo”.

Por último, la Segunda Venida de Jesucristo en la gloria, “es inminente”, y para esa Llegada es que debemos estar preparados, con el alma en gracia, con el corazón amando a Dios y al prójimo, y con la oración continua: “La venida del Señor es inminente, y como dicen las Escrituras nadie sabe el día ni la hora, pero será; y ciertamente para esa hora debe el alma del cristiano prepararse. Hasta las piedras sabrán de Él”.

martes, 26 de septiembre de 2017

Las características de la devoción legionaria


         Según el Manual del Legionario, “las características de la devoción legionaria quedan reflejadas en sus oraciones”[1], y esto se debe al principio: “lex credendi, lex orandi”: es decir, según como se cree, es lo que se reza.
         ¿Cuáles son esas características?
         Dice así el Manual: “(…) La Legión está cimentada en una gran confianza en Dios y en el amor que Él nos tiene a nosotros, sus hijos”. El legionario no solo se considera hijo de Dios, sino que vive como tal, como hijo que es, al haber sido adoptado por Dios por la gracia bautismal. Vivir como hijos quiere decir no solo saber que somos hijos, sino dirigirnos a Dios como nuestro Padre celestial, de la misma manera a como un niño pequeño se dirige a su padre terreno: en toda ocasión, en las situaciones más difíciles, y en las situaciones más alegres; en todo momento, recurrir a Dios como se recurre a un Padre amoroso, seguros de su amor y confiados en su misericordia, reposando nuestras almas en el amor infinito, eterno, inagotable, incomprensible, que Él tiene por todos y cada uno de nosotros.
         Continúa el Manual afirmando que “Dios desea servirse de nuestros esfuerzos para gloria suya y, a fin de que fructifiquen constantemente, los quiere purificar”[2]. Esto significa que Dios quiere que seamos sus instrumentos, para que lo glorifiquemos con nuestro apostolado, y si Él permite, por ejemplo, que no veamos frutos en este apostolado, es para “purificarnos”, para que el apostolado no sea hecho para vanagloria nuestra, pensando que lo que se consigue es por nosotros, sino por su gloria y para su gloria.
         El Manual nos advierte, precisamente, acerca de los extremos en los que podemos caer, cuando no confiamos en Dios como nuestro Padre: o un excesivo activismo, que no deja lugar a la oración y que es consecuencia de pensar que somos nosotros los que producimos fruto y no Dios, o bien el aletargamiento o “apatía”, una especie de desgano que viene al alma cuando no ve frutos inmediatos, y esto sucede cuando no se tiene en cuenta que es Dios quien inicia la obra, poniendo en nosotros los buenos deseos y propósitos y, si es Él quien inicia la obra, será Él quien la llevará a término, a su debido tiempo, cuando Él lo considere oportuno. Dios está más interesado que nosotros mismos en las obras de apostolado, porque Él, más que nosotros, quiere nuestra propia santificación y también la santificación de nuestros prójimos, y para eso se sirve de nosotros.
         Pero para eso, debemos “compenetrar nuestra voluntad con la de Dios”, dice el Manual, y para ello necesitamos una gran confianza filial en Dios nuestro Padre. Solo si esta confianza filial es fuerte –asentada en Cristo, que es la Roca-, solo así, Dios se servirá de nosotros para conquistar el mundo, que yace bajo el poder del maligno, para gloria suya. Si falta esta confianza en Dios, por parte del legionario, entonces sí toda la obra que Dios quiere hacer por intermedio nuestro, se verá malograda[3]. Para que esto no suceda, debemos abandonarnos en Dios, pero no en un Dios como lo hacen otras religiones, sino en el Dios católico, que es el Dios que nos ha adoptado como hijos suyos y que nos ama con amor de locura, con el mismo amor con el que amó a su Hijo Jesucristo, con el Amor de la Cruz. En este sentido, la Virgen[4] es ejemplo inigualable de abandono filial en Dios y de cómo, por medio de este abandono en Él, el alma no solo triunfa de sus enemigos, sino que Dios cumple sus planes a la perfección.



[1] Cfr. Manual del Legionario, Cap. V.
[2] Cfr. passim.
[3] Cfr. ibidem.
[4] Cfr. ibidem.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Nuestra Señora de la Merced


Origen de la devoción y características de la imagen[1].

El título mariano “La Merced” se remonta a la fundación de la Orden religiosa de los mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, España.
Aunque en castellano se le ha llamado en plural, Virgen de las Mercedes, no corresponde con el sentido originario de la advocación, que es en singular: en catalán es “Mare de Deu de la Mercé”, es decir, “Madre de Dios de la Merced”. Sin embargo, más allá de esto, lo esencial es que el significado del título “Merced” es ante todo “misericordia”: así como la Virgen es misericordiosa –de hecho, es la Madre de la Misericordia encarnada, Cristo Jesús-, también lo deben ser sus hijos. Puesto que nuestra tarea en la tierra es asemejarnos, configurarnos e imitar a Jesús Misericordioso, no hay nadie más indicado a quien podamos recurrir, que la Virgen de la Merced, para conseguir este objetivo, de asemejarnos a Jesús Misericordioso.  
La fundación de la Orden  de la Merced por parte de San Pedro Nolasco se llevó a cabo luego de una aparición de la Virgen, en la cual la Madre de Dios le pidió, en persona y de parte de Jesucristo, que fundara una orden dedicada a la merced (obras de misericordia). Su misión particular era la misericordia para con los cristianos cautivos en manos de los musulmanes. En esa época muchos eran cautivos de los moros y en su desesperación y abandono estaban en peligro de perder lo más preciado: la fe católica. Nuestra bendita Madre del Cielo, dándose a conocer como La Merced, quiso manifestar su misericordia hacia ellos por medio de dicha orden dedicada a atenderlos y liberarlos. Muchos miembros de la orden canjearon sus vidas por la de presos y esclavos. San Pedro fue apoyado en tan extraordinaria empresa por el Rey Jaime I de Aragón.
San Pedro Nolasco y sus frailes eran muy devotos de la Virgen María, tomándola como patrona y guía. Su espiritualidad se fundamenta en Jesús el liberador de la humanidad y en la Santísima Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora y es por ese motivo que la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora, haciendo honor a su condición de Corredentora.
Fue en el capítulo general de 1272, tras la muerte del fundador, que los frailes oficialmente toman el nombre de La Orden de Santa María de la Merced, de la redención de los cautivos, aunque son más conocidos como “mercedarios”. El Padre Antonio Quexal, siendo general de la Merced en 1406, dice: “María es fundamento y cabeza de nuestra orden”. En otras palabras, la Orden no tiene sentido de ser si no toma como referencia a la Virgen y Madre de Dios.
El Padre Gaver, en el 1400, relata como La Virgen llama a S. Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela su deseo de ser liberadora a través de una orden dedicada a la liberación. Según la tradición de la Orden, se afirma que el 1 de agosto de 1218, fiesta del santo fundador, Pedro Nolasco tuvo una visita de la Santísima Virgen, la cual, dándose a conocer como La Merced, lo exhortaba a fundar una Orden religiosa con el fin principal de redimir a los cristianos cautivos por los musulmanes. En ese momento, la península Ibérica estaba dominada por los musulmanes, y los piratas sarracenos asolaban las costas del Mediterráneo, haciendo miles de cautivos a quienes llevaban al norte de África. La aparición sucedió en un momento en el Pedro Nolasco, en la oración, pide a Dios ayuda; como signo de inmediata respuesta de la misericordia divina a su pedido, se aparece la Virgen María, enviada por Dios, diciéndole que funde una orden liberadora. El diálogo entre Pedro Nolasco y Nuestra Señora de las Mercedes fue así: -Nolasco: “¿Quién eres tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mí?”. -María Santísima: “Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy aquella a la que dijo Simeón cuando ofrecí mi Hijo en el templo: “Una espada de dolor atravesará tu Corazón”. -Nolasco: “¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿Quién podrá creer  (que tú me mandas)?”. –María Santísima: No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío; será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los cristianos) y serán signo de contradicción para muchos”.
Luego de la aparición de la Virgen y en cumplimiento de su pedido, Pedro Nolasco impulsó la creación de la Real y Militar Orden de la Merced, que fue fundada en la Catedral de Barcelona, con el apoyo del rey Jaime I el conquistador, en 1218. En las primeras Constituciones de la Orden, en 1272, la Orden recibe ya el título de “Orden de la Virgen de la Merced de la Redención de los cristianos cautivos de Santa Eulalia de Barcelona”. Se calcula que fueron alrededor de trescientos mil los redimidos por los frailes mercedarios del cautiverio de los musulmanes.
La iconografía usada para representar a la Virgen de la Merced queda definida a partir del siglo XVI, consistiendo fundamentalmente en el hábito mercedario: túnica, escapulario y capa, todo en color blanco, con en el escudo mercedario en el pecho. Otros elementos recurrentes son las cadenas y el grillete, símbolos también del cautiverio. Normalmente, además del escapulario del hábito, lleva otro pequeño en la mano que ofrece a los fieles. Suele aparecer tocada con corona de reina, y también con el cetro en la mano derecha. En muchas ocasiones sostiene en la izquierda al Niño Jesús, que también puede llevar un escapulario en las manos. En ocasiones cobija bajo su capa a un grupo de presos cautivos, pero también a santos, o personas de todas las clases sociales. Otro modelo iconográfico es el de la Comendadora, sedente en el coro, sin niño ni cetro, con las constituciones de la Orden en una mano, en uno de cuyos artículos dice así: “Mirad la hondura o cavidad del lago de donde habéis sido tomados, esto es, la piadosísimas entrañas de la madre de Dios”.

         Mensaje de espiritualidad.

El mensaje de espiritualidad mercedario, que es la liberación de los cautivos, se basa en la caridad -es decir, en el amor sobrenatural a Dios y al prójimo y principalmente al prójimo atribulado, perseguido, encarcelado- y sigue plenamente vigente, aun cuando los musulmanes actualmente continúen tomando prisioneros a los cristianos –y cometiendo verdaderos genocidios en los territorios en los que se asienta, por lo que no se puede decir que el islamismo sea una “religión de paz”-, y los mercedarios ya no continúen con la metodología de rescate de prisioneros de su época fundacional, su carisma sigue siendo plenamente actual y vigente, constituyendo María Santísima el modelo a imitar para todo aquel que sea devoto suyo, devoto de la Virgen de la Merced. La Virgen es ejemplo perfectísimo de caridad, de amor sobrenatural a Dios y al prójimo: es ejemplo inigualable de amor a Dios, porque Ella, por amor a Dios, dio su “Sí” a la voluntad de Dios Padre, ofreciéndose como víctima para la Encarnación de Dios Hijo por obra de Dios Espíritu Santo; es ejemplo de amor inigualable a los hombres cautivos del mal, porque por amor al hombre -en Dios y para Dios-, María Santísima ofreció todo su ser, su alma purísima y su cuerpo inmaculado, para que inhabitara en ella el Hijo de Dios encarnado, el Salvador, que por su sacrificio en cruz habría de salvar a los hombres y rescatarlos de la esclavitud principal que atenaza a la humanidad desde Adán y Eva, el dominio esclavizante del Demonio, del pecado y de la muerte. Y como por la Virgen nos viene el Verdadero y Único Salvador de la humanidad, Cristo Jesús, es a Ella a quien debemos dirigirnos si queremos ser libres de la esclavitud espiritual: siendo Ella la Madre del Redentor, es también “Redentora de cautivos”, porque es Corredentora junto a su Hijo Jesús. Al respecto, el Papa Juan Pablo II enseña que “María es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad”, y esto porque gracias a Ella es que Dios pone en marcha su plan de salvación de la humanidad cautiva por el mal, la Encarnación del Verbo, dando así lugar a la verdadera liberación que necesita el hombre, porque al dar a luz a la Verdad encarnada, Jesucristo, el hombre fue liberado del error, de la mentira, de la herejía y del “Padre de la mentira”, Satanás. Incluso desde el cielo, hacia donde fue Asunta en cuerpo y alma glorificados, la Virgen continúa velando por sus hijos cautivos de Satanás (cfr. LG 62) y nos pide que, aquellos que hemos sido liberados por la gracia de Jesucristo y por su Sangre Preciosísima, cooperemos trabajando en la Iglesia para la verdadera y única liberación que el hombre necesita, que es la liberación del pecado, del Demonio y de la muerte. Al igual que María Santísima, que dijo “Sí” a la voluntad de Dios y así el Verbo comenzó a morar en Ella, ofrezcamos como Ella, nuestra vida, para que su Hijo habite en nosotros por la gracia y así pueda Él, utilizándonos como instrumentos suyos, liberar a nuestros hermanos. Ella nos enseñará como hacerlo.
Hoy la humanidad y por lo tanto, innumerables prójimos nuestros, se encuentran esclavizados no solo por esclavitudes materiales, aquellas que consisten en cadenas de hierro en cárceles materiales, sino que se encuentran esclavizados por innumerables formas de esclavitud moral y espiritual, que encarcelan a sus almas con lazos más fuertes que el hierro y el acero, y estas formas de esclavitud son el hedonismo, el materialismo ateo y marxista, las ideologías anti-cristianas, como el socialismo y el liberalismo, las drogas, la ambición de poder, de dinero, de placer, de bienes terrenos. Entonces, así como los mercedarios entregaban sus vidas a la Virgen de la Merced, para que ser instrumentos de Ella para la liberación de los cautivos, así también nosotros entreguemos nuestras vidas a Nuestra Señora de la Merced, para que Ella, sirviéndose de nosotros como esclavos e instrumentos suyos, libere a cambio a nuestros hermanos cautivos por Satanás y por el pecado.
Por último, en el caso particular de Tucumán, la Virgen de la Merced está estrechamente ligada a nuestro ser tucumano, porque gracias a Ella y a su ayuda milagrosa, se consolidó la Independencia, luego de la Batalla de Tucumán. Esto significa que nadie puede decirse verdaderamente tucumano si no es mariano y devoto de la Virgen de la Merced, aunque siempre debemos tener en cuenta que no debemos ser “devotos externos”, como advierte San Luis María Grignon de Montfort, sino devotos verdaderos, y para eso, para ser hijos suyos de su Corazón, debemos siempre vivir en gracia de Dios.



[1] Desde el siglo XIII es patrona de Barcelona y el 25 de septiembre de 1687 se proclamo oficialmente patrona de la ciudad. Es además patrona de los cautivos (presos) y de muchos países de Latinoamérica (…)En el año 1696, el papa Inocencio XII extendió la fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia, y fijó su fecha el 24 de septiembre. Pero a raíz de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II, en el año 1969 la fiesta se suprimió del calendario universal. Cfr. http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&localdate=20170924&id=16552&fd=0

martes, 19 de septiembre de 2017

Nuestra Señora de La Salette y la llegada del Anticristo a través del Comunismo Marxista


Nuestra Señora de La Salette

El 19 de septiembre de 1846, la Santísima Virgen se apareció sobre la montaña de La Salette, (Francia) a dos jóvenes pastorcitos, Melania Calvat y Maximino Giraud. Primeramente les confió un mensaje público; después a Maximino sólo, un secreto; luego a Melania un mensaje que podría publicar en 1858[1]. La Virgen María le dijo: “esto que Yo te voy a decir no será siempre secreto, puedes publicarlo en 1858”.
El secreto dado a Melanie constituye lo que comúnmente se conoce como “el Secreto de la Salette”[2]. Un extracto del mismo fué publicado en 1879 por Melanie, con imprimatur del Obispo de Lecce- Italia. En el año 1999, en forma inesperada, el sacerdote francés Michel Corteville encontró en los archivos del Vaticano una caja con los documentos oficiales de las apariciones de Nuestra Señora de La Salette (septiembre de 1846), perdidos hacía mucho tiempo. Fue así que pudo defender con éxito la tesis sobre dicho tema en la célebre Facultad de Teología Angelicum, de la Orden Dominica en Roma, y posteriormente escribir un libro en colaboración con el P. René Laurentin[3]. El descubrimiento despertó un gran interés en el mundo católico dado que, aunque aprobado por el Papa Beato Pío IX, el mensaje de La Salette había provocado en su momento una reacción violenta por parte de los enemigos de la Iglesia y también en medios católicos liberales, al punto que se difundieron falsos mensajes. La confusión generada motivó que en 1915 la Santa Sede prohibiera la publicación de toda versión del mensaje, aunque de ninguna manera desalentaba la devoción a Nuestra Señora de La Salette. La revista “Cruzada” ofreció a sus lectores las partes principales de la redacción del mensaje de La Salette hecha por una de las videntes, la pastorcita Melanie, considerado el más completo por el P. Corteville.
En total, son 33 (treinta y tres) las Profecías dadas por Nuestra Señora de La Salette. Son particularmente importantes, no solo por provenir de la Virgen, sino por lo que anuncia acerca de lo que sucederá en la Iglesia en los tiempos previos a la aparición del Anticristo sobre la tierra, aparición que precederá a la Segunda Venida en la gloria de Nuestro Señor Jesucristo. Esas profecías son:
1. Melanie, lo que voy a decirte ahora no permanecerá siempre en secreto. Podrás publicarlo en 1858.
2. Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por amor del dinero, por amor del honor y de los placeres, los sacerdotes se han transformado en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes reclaman venganza, y la venganza está suspendida sobre sus cabezas. ¡Desdicha de los sacerdotes y las personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y su mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo, y llaman la venganza,y he aquí que la venganza está a sus puertas, pues no hay más nadie para implorar misericordia y perdón para el pueblo. No hay más almas generosas, no hay más persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.
3. Dios va a golpear de una manera sin ejemplo.
4. ¡Desdichados los habitantes de la tierra! Dios va a agotar su cólera, y nadie podrá sustraerse a tantos males reunidos.
5. Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias. Se han convertido en esas estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los que reinan, en todas las sociedades y en toda las familias; se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.
6. La sociedad está en la víspera de las plagas más terribles y de los más grandes acontecimientos; hay que esperar ser gobernado por una vara de hierro y beber el cáliz de la cólera de Dios.
7. Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga más de Roma después del año 1859. Pero que sea firme y generoso, que combata con las armas de la fe y del amor; yo estaré con él.
8. Que desconfíe de Napoleón; su corazón es doble y cuando querrá ser a la vez Papa y emperador, enseguida Dios se retirará de él. Él es esa águila que, queriendo siempre elevarse, caerá sobre la espada con que deseaba servirse para obligar a los pueblos a elevarle.
9. Italia será castigada por su ambición al querer sacudirse el yugo del Señor de los Señores; también ella será entregada a la guerra, la sangre correrá por todas partes. Las iglesias serán cerradas o profanadas; los sacerdotes, los religiosos serán expulsados; se los hará morir y morir de una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y será grande el número de los sacerdotes y religiosos que se apartarán de la verdadera religión; entre estas personas habrá incluso Obispos.
10. Que el Papa se cuide de los hacedores de milagros pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar sobre la tierra y en los aires.
11. En el año 1864, Lucifer con un gran número de demonios serán soltados del infierno: abolirán la fe poco a poco, incluso en las personas consagradas a Dios. Los cegarán de tal manera, que, a menos de una gracia particular, estas personas tomarán el espíritu de esos ángeles malos. Muchas casas religiosas perderán enteramente la fe y perderán muchas almas.
12. Los malos libros abundarán sobre la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán en todas partes un relajamiento universal para todo lo que concierne al servicio de Dios. Tendrán un gran poder sobre la naturaleza; habrá iglesias para servir a estos espíritus. De un lado a otro serán transportadas personas por estos malos espíritus e incluso sacerdotes, pues ellos no se habrán conducido según el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Se resucitará a muertos y a justos [es decir que esos muertos tomarán la figura de almas justas que han vivido sobre la tierra, con el fin de seducir mejor a los hombres; éstos que se dicen muertos resucitados, que no serán sino el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al del verdadero Cristo-Jesús, negando la existencia del cielo o aún las almas de los condenados. Todas estas almas parecerán unidas a sus cuerpos] (nota de Melanie). Habrá en todas partes prodigios extraordinarios puesto que la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz ilumina al mundo. Desdichados los Príncipes de la Iglesia que sólo se hayan ocupado en acumular riquezas sobre riquezas, en salvaguardar su autoridad y en dominar con orgullo.
13. El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, pues, por un tiempo, la Iglesia será librada a grandes persecuciones. Esto será el tiempo de las tinieblas; la Iglesia tendrá una crisis terrible.
14. Olvidada la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos, todo orden y toda justicia serán pisoteados; sólo se verán homicidios, odio, celos, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.
15. El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio.
16. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida sin poder dañarle; pero ni él ni su sucesor… verán el triunfo de la Iglesia de Dios.
17. Los gobiernos civiles tendrán todos un mismo designio, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para hacer lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.
18. En el año 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia se pudrirán y el demonio se hará como rey de los corazones. Que los que están a la cabeza de las comunidades religiosas tengan cuidado con las personas que deben recibir, pues el demonio hará uso de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas personas entregadas al pecado, ya que los desórdenes y el amor de los placeres carnales serán extendidos por toda la tierra.
19. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá en las calles, el francés combatirá con el francés, el italiano con el italiano; luego habrá una guerra general que será espantosa. Por un tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, puesto que el Evangelio de Jesucristo no se conoce ya más. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se masacrará mutuamente hasta en las casas.
20. Al primer golpe del rayo de su espada las montañas y la tierra entera temblarán de pavor puesto que los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemada y Marsella será engullida por el mar, muchas grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos: se creerá que todo está perdido. Sólo se verán homicidios, sólo se oirán estrépito de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, sus penitencias y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia, y pedirá mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su misericordia, ordenará a sus ángeles que todos sus enemigos sean ejecutados. De pronto, los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres entregados al pecado perecerán, y la tierra será como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres. Jesucristo será servido, adorado y glorificado; en todas partes florecerá la caridad. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado en todas partes, y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo y los hombres vivirán en el temor de Dios.
21. Esta paz entre los hombres no será larga; veinticinco años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son causa de todas las aflicciones que acontecen sobre la tierra.
22. Un precursor del anticristo con sus ejércitos de varias naciones combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y querrá aniquilar el culto de Dios para hacerse tener como un Dios.
23. La tierra será golpeada por toda clase de plagas (además de la peste y el hambre, que serán generales). Habrá guerras hasta la última guerra, que será hecha por los diez reyes del anticristo, que tendrán todos un mismo designio, y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que esto acontezca habrá una especie de falsa paz en el mundo; sólo se pensará en divertirse. Los malvados se entregarán a toda clase de pecados, pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes conducidas por el Espíritu Santo. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud del tiempo.
24. La naturaleza reclama venganza para los hombres, y, esperando lo que debe ocurrir a la tierra manchada de crímenes, se estremece de pavor.
25. Tiembla, tierra, temblad vosotros, los que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que por dentro os adoráis a vosotros mismos. Pues Dios va a entregaros a su enemigo, puesto que los lugares santos se hallan en la corrupción. Muchos conventos no son más las casas de Dios sino pasturas de Asmodeo y los suyos.
26. Será durante este tiempo que nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen que tendrá comunicación con la antigua serpiente, el señor de la impureza. Al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; será, en una palabra, el diablo encarnado; lanzará gritos terribles, hará prodigios, sólo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, aunque no sean demonios encarnados como él, serán hijos del mal. A los doce años se señalarán por sus valientes victorias, pronto estará cada uno a la cabeza de ejércitos asistidos por legiones del infierno.
27. Las estaciones se alterarán, la tierra sólo producirá malos frutos, los astros perderán sus movimientos regulares, la luna sólo reflejará una débil luz rojiza. El agua y el fuego darán al orbe de la tierra movimientos convulsivos y horribles terremotos que engullirán montañas, ciudades, etc.
28. Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo.
29. Los demonios del aire con el anticristo harán grandes prodigios sobre la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán cada vez más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad; el Evangelio será predicado en todas partes, ¡Todos los pueblos y todas las naciones tendrán conocimiento de la verdad!
30. Yo dirijo un apremiante llamado a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos de Dios viviente y reinante en los cielos. Llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres. Llamo a mis hijos, mis verdaderos devotos, aquellos que se han entregado a mí para que los conduzca a mi Hijo divino, aquellos que, por así decir, llevo en mis brazos; aquellos que han vivido de mi espíritu. Llamo en fin a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en desprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Es tiempo de que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros con tal vuestra fe sea la luz que os ilumine en estos días de infortunio. Que vuestro celo os haga como hambrientos de la gloria y del honor de Jesucristo. Combatid, hijos de la luz, vosotros, los pocos que veis, pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.
31. La Iglesia será eclipsada, el mundo se hallará en la consternación. Pero he aquí a Enoch y Elías llenos del Espíritu de Dios; ellos predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas. Harán grandes progresos por virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo.
32. ¡Desdichados los habitantes de la tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un espantoso granizo de animales, truenos que sacudirán las ciudades, terremotos que engullirán países. Se oirán voces en los aires, los hombres se darán de golpes con su cabeza en los muros; llamarán a la muerte y, por otro lado, la muerte hará su suplicio, la sangre correrá por todas partes. ¿Quién podrá vencer si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y las oraciones de los justos Dios se dejará doblegar. Enoch y Elías serán matados; Roma pagana desaparecerá. El fuego del cielo caerá y consumirá tres ciudades; todo el universo será sacudido de terror, y muchos se dejarán seducir porque no han adorado al verdadero Cristo viviente entre ellos. Es el momento; el sol se oscurece; sólo la fe vivirá.
33. He aquí el tiempo; el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí a la bestia con sus súbditos, diciéndose salvador del mundo. Se elevará con orgullo en los aires para ir hasta el cielo; será ahogado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la tierra, que desde hace tres días estará en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego, él será sumergido para siempre con todos los suyos en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán la tierra y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado.
Ahora bien, ¿qué fue lo que sucedió en el año 1864, el año en el que “Lucifer con un gran número de demonios (fueron) soltados del infierno”, según las propias palabras de la Virgen? Según esta profecía, se trataría de un evento eminentemente espiritual y diabólico, porque habría de atacar principal y esencialmente la Fe católica: “(...) abolirán la fe poco a poco, incluso en las personas consagradas a Dios. Los cegarán de tal manera, que, a menos de una gracia particular, estas personas tomarán el espíritu de esos ángeles malos. Muchas casas religiosas perderán enteramente la fe y perderán muchas almas”. Lo que sucedió en ese año fue nada menos que el inicio de un sistema ideológico declarado por la Iglesia “intrínsecamente perverso”, el comunismo anti-marxista, una ideología anti-humana, anti-cristiana, materialista, atea y satánica. En ese año, Karl Marx –satanista- inició ese engendro infernal llamado “comunismo marxista”, que habría de traer solo muerte –genocidios, exterminios en masa-, destrucción, miseria, a la población civil, además de persecución feroz y sangrienta a la Iglesia Católica, en los lugares en los que, como se demostró en la historia, logró afianzarse, a base de terror, sangre y fuego. En el año 1864 finalizó el aislamiento político de Karl Marx, quien así se vio libre para fundar el germen del Partido (criminal) Comunista, la “Asociación Internacional de los Trabajadores”. Aunque él no fue, estrictamente hablando, ni su fundador ni su jefe, sí se convirtió en su líder espiritual y le dio la impronta materialista, atea y satánica que hasta el día de hoy posee. Su primer encuentro público, convocado por líderes de la unión comercial inglesa y representantes de los trabajadores, tuvo lugar en la sala de San Martin en Londres el 28 de Septiembre de 1864. Allí Marx, actuando como representante de los trabajadores Alemanes, presentó su escrito “Dirección y Reglas Provisionales de la Asociación Internacional de los Trabajadores”, escrito que reforzó los logros del movimiento cooperativo y de la legislación parlamentaria. Luego, la conquista gradual del poder político permitiría al proletariado británico extender estos supuestos “logros” a escala nacional y luego, universal. El ataque a la Fe vendría con la elaboración de la nefasta “Teología de la Liberación”, engendro político-teológico en el que la doctrina católica es astutamente reemplazada, por medio de un lenguaje sibilino, por la doctrina comunista marxista, conduciendo, como dijo la Virgen en La Salette, a la pérdida de la Fe de numerosísimos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos católicos que, seducidos por este sistema surgido desde las profundidades mismas del Infierno, habrían de abandonar la Verdadera Fe católica, para suplantar por un remedo materialista y ateo con lenguaje religioso, la Teología de la Liberación, cuyos efectos perniciosísimos continuamos padeciéndolos hoy, tanto dentro como fuera de la Iglesia.
Hasta aquí, las profecías de Nuestra Señora de La Salette. Quiera la Virgen interceder ante Nuestro Señor, para que recibamos la gracia de ser “los verdaderos discípulos de Dios viviente y reinante en los cielos (…) los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres (…) los hijos de la Virgen, sus verdaderos devotos, aquellos que se han entregado a la Madre de Dios para ser conducidos a su divino Hijo, aquellos que (…) Ella lleva en sus brazos y viven de su espíritu”.
El Llamamiento a los Apóstoles de los Últimos Tiempos forma parte del Secreto confiado a Melania: “Dirijo un llamamiento apremiante a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos de Dios que vive y reina en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre; llamo a Mis hijos, a Mis verdaderos devotos, los que se hayan entregado a Mí para que Yo los conduzca a Mi Divino Hijo, los que llevo por decir así en Mis brazos, los que han vivido según Mi espíritu; en fin llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el desprecio del mundo y de sí mismo en la pobreza y la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Es hora de que salgan y vengan a alumbrar la tierra. Id y mostraos como Mis hijos queridos. Estoy con vosotros y en vosotros, siempre que vuestra fe sea la luz que os alumbre en esos días de desgracia. Que vuestro celo os haga como los hambrientos por la gloria y honor de Jesucristo. Combatid, hijos de luz, vosotros pequeño número que lo véis, porque he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines”.
Así habló la Madre de Dios y mientras escuchaba, contemplaba Melania, en una visión profética la vida y las obras venideras de los hijos y de las hijas de la Orden de la Madre de Dios, religiosos misioneros, religiosas misioneras y discípulos laicos, esparcidos por todas partes del mundo. Los religiosos y religiosas harán los votos; los discípulos laicos, la consagración a la Santísima Virgen. Melania veía también a varias religiosas llegar a unirse con esta Orden y las otras por su relación recobrar su espíritu primitivo.
Por mandato del Papa León XIII, presentó Melania esta regla al examen de la Sagrada Congregación de Obispos y Religiosos la cual dio su aprobación el 27 de mayo de 1879. Al mismo tiempo fueron aprobadas las constituciones que Melania había compuesto para la Orden de la Madre de Dios a petición de León XIII, según su visión profética de 1846. Melania falleció en olor de santidad el 14 de diciembre de 1904, a la edad de 73 años.
San Juan Pablo II dijo que estamos en los tiempos profetizados en La Salette, en los tiempos del Anticristo. ¡Nuestra Señora de La Salette, que seamos hijos tuyos hasta el fin y seamos capaces de dar la vida por tu Hijo Jesucristo!



[3] René Laurentin –Michel Corteville, Découverte du secret de La Salette, Fayard, Paris 2002, con Imprimatur de Mons. Michel Dubost, Obispo de Évry, y Nihil obstat de Don Bernard Billet, de la abadía de Notre-Dame de Tournay.